Montse Ríos
21/03/2024
Me he estado dando cuenta en los últimos tiempos de que los supermercados son una fuente constante de inspiración.
Siempre hay cosas que ver y que contar en los “super”, los cuales están plagados de unos protagonistas que ya quisiera para sí Pedro Almodóvar, porque son de la escuela de la improvisación innata. No necesitan ni texto, ni caracterización, ni maquillaje, ni vestuario y ni tan siquiera las horas preceptivas de estudio del guión con sus ensayos.
Son el “pret a porter” de la industria del cine y del teatro y para nosotros los espectadores nos resulta a coste cero. ¿Qué más podemos pedir?
Hoy sin más, mientras hacíamos nuestras compras, una peculiar “pija” nos dejó patidifusas a mi hija y a mí.
Sobre la marcha la bautizamos “Divina Shayk” remedando el nombre de la ex-novia de Cristiano Ronaldo, la bella y delicada Irina.
La “Divina Shayk”, debía sentirse la reina del local entre tanta gente de “clase escasa”. Bueno, eso es lo que pensamos dada su actitud.
Caminaba como una diva. Sinuosa, cabeza erguida, mirada al frente y con actitud despectiva hacia las personas que encontraba a su paso.
En una esquina oímos decir a una señora de mediana edad a su amiga: ¡Mira esa debe ser una “influense”! La buena mujer se refería a una influencer, pero así lo pronunciaba y amén.
Nosotras pensamos que debían estar rodando algún programa de cámara oculta, porque ni ella era normal, ni tampoco lo que hacía era normal.
Pero en resumidas cuentas… ¿Qué es normal y qué no lo es hoy en día?
La “Divina Shayk” lucía un vestido de encaje ibicenco blanco, corto, una chaqueta blazer roja y todo lo complementaba con múltiples pulseras variopintas, unas amplias gafas de sol y un vaporoso foulard que le daba varias vueltas al cuello. Sin duda todo lo que llevaba era caro y de marca.

Estaba “ideal de la muerte” para ir a comprar a un supermercado. ¡Qué digo ideal! ¡Estaba divina de la muerte! Una mujer así está divina a todas las horas del día y en toda circunstancia…
Empezamos a mosquearnos con ella cuando nos formó una barrera para que no pudiésemos salir del pasillo en el que estábamos.
Atravesó su carro en horizontal y lo interpuso entre ella y nosotras. Vio como nos acercábamos y entonces estiró aún más su cuello, el cual ya lo tenía en esa pose permanentemente, ignorándonos. Ni miraba nada en los expositores, ni estaba seleccionando nada. Era como si nos retara.
Lo comentamos, decidimos no decirle nada y pasamos de ella. Dimos marcha atrás, lo que supuso dar toda una vuelta para poder salir de donde nos tenía atrapadas. Cuando vio nuestra maniobra, inmediatamente quitó su carro y siguió su ruta. ¡Era una divina hija de … !
Cuando estábamos en la cola de caja para pagar, vino como una mosca cojonera y se nos pegó detrás.
Para ignorarla nos pusimos a hablar de un amigo de Madrid y que si patatín y que si patatán.
Ella quería llamar la atención y hacerse notar. Se movía y gesticulaba, pero no lograba que nos girásemos. (Nos estábamos partiendo de la risa por su actitud)
De repente anunciaron por megafonía que se abría una caja rápida y salió rápidamente como alma que lleva a Satanás.
Se fue con un trotecillo absurdo produciendo un ruido rítmico. La miramos y las sandalias de medio tacón que llevaba le quedaban grandes y chancleteaba.
Pensamos que la “Divina Shayk” debía ser una influencer de cartoncillo (porque a papier couché no llegaba) y que su marca le había enviado una talla o dos de más de calzado que le correspondía.
No la hemos vuelto a ver. ¿Qué habrá sido de ella?
