Fernando Herráiz Sánchez 14/05/2024
Vladimir Putin abrió los ojos y miró el reloj: la una y media de la madrugada. La bombilla rojiza iluminaba débilmente la habitación, y el zumbido protocolario aumentaba de intensidad. Recordó que esa noche estaba de guardia Víctor Griloff, su edecán de máxima confianza. Se conocieron en San Petersburgo, y desde entonces el asistente había desarrollado un fino olfato para distinguir entre lo trivial, lo trascendente y lo que le gustaba a Vladimir. El presidente ruso pulsó un botón y se abrió la puerta.
-GRILOFF: Perdone señor, pero…, los americanichi han lanzado un misil con cabeza nuclear, una pequeña, incluso se podría decir que muy pequeña. Viene hacia Moscú.
El edecán era de naturaleza seria y ceremonioso, por lo que la nota semi- jocosa (americanichi era una broma privada intraducible) había que interpretarla como signo inequívoco de que la situación era grave. Vladimir se incorporó lentamente y terminó de despertarse.
-VLADIMIR: ¿Desde donde lanzaron el misil?
-GRILOFF: Desde el sur de Gran Bretaña.
-VLADIMIR: ¿Cuánto tiempo tenemos?
-GRILOFF: Unos 28 minutos. El general Gerásimov ha puesto todas las cargas nucleares de la banda occidental en disposición de ataque.
-VLADIMIR: Bien…, enseguida bajo…,
En cuanto salió el edecán, Vladimir se levantó y se dirigió al baño. Se dio cuenta que estaba sudando… “ Uhm…una bomba pequeña, incluso muy pequeña…, desde Inglaterra. Está claro que nos están dando tiempo… pero ¿para qué?…, ¿están sondeando nuestra capacidad de respuesta?…o… ¿están probando nuestra voluntad de respuesta?
¿Respuesta simétrica? …, es decir, ¿aplanar Londres?… No hay tiempo de hablar con los americanichi…, de cualquier manera hay que responder…”
Griloff volvió apresuradamente a la habitación….
-GRILOFF: Señor, señor…, se ha recalculado la trayectoria del misil…, y no viene a Moscú…, caerá al este de Bielorrusia.
-VLADIMIR: …, ¿Al este?… ¿Y…, qué hay allí?
-GRILOFF: Nada señor, no hay poblaciones, solo bosques…, y algunos osos.
-VLADIMIR: ¿Osos?
-GRILOOF: Bueno, al parecer allí hay bastantes osos.

Vladimir esbozó una mueca, no sabía por qué, pero el asunto de los osos le daba mala espina. ¿Qué pretendían los americanichi? ¿Acabar con todos los de Europa?…, o… ¿solamente con el Oso Ruso? Acto seguido tuvo una intuición que sería muy celebrada tiempo después.
-VLADIMIR: Griloff, póngame con Xi. Canal de emergencia. Que venga el intérprete.
Xi Jin Ping abrió los ojos y miró el reloj. Las cuatro pasadas. Esbozó su enigmática sonrisa ladeada, mientras la habitación se iluminaba con un resplandor color melocotón, y comenzaba a sonar la protocolaria marcha del emperador Yun Zu. Varios expertos le habían asegurado que era una melodía “sutilmente estimulante”, aunque a él en general le provocaba ardor de estómago.
Esa noche su edecán era Hu Wei, un joven con varias carreras y cuatro idiomas que le habían recomendado recientemente. Era eficiente, y tenía una gran habilidad para confraternizar con toda clase de diplomáticos occidentales. Pero lo que le valió el reconocimiento de Xi (implícito, por supuesto), y lo afianzó en el cargo fue un comentario casual al regreso de un largo y aburrido viaje a Europa.
-HU: Tarde o temprano todos los occidentales acaban hablando del misterio de oriente.
-XI: ¿Qué misterio?
-HU: Ninguno en particular. Ya sabe…, en el siglo XIX muchos europeos importantes comenzaron a hablar de la milenaria e insondable alma oriental, como albergue de una sabiduría que por definición quedaba fuera del alcance de los occidentales…
-XI: Y… ¿siguen en eso?
– HU: Completamente.
Xi, al igual que la mayoría de sus compatriotas, entendía los asuntos de la República Popular como una cadena de obviedades entrelazadas, pero no se le escapó la potencialidad que encerraba el comentario de su edecán. A partir de aquel día ladeo un poco más la sonrisa, y pidió que sus discursos fuesen salpicados (sin exagerar) de refranes antiguos y frases convenientemente enigmáticas.
Pulsó un botón y se abrió la puerta. Hu Wei entró con una especie de teléfono de campaña en las manos
-HU: Señor, el presidente Vladimir Putin llama por la línea de emergencia. El intérprete está preparado.
El primer secretario tomó el teléfono.
-XI: Tras, tras, tras.
– VLADIMIR: Tris, tris, tris.
Las palabras claves fueron validadas, y el aparato emitió el débil ronroneo que daba luz verde a la entrevista.
-XI: Señor presidente, es un honor…
– VLADIMIR: El honor e mío señor primer secretario, tengo que informarle que los americani…, quelas fuerzas armadas de USA han lanzado un misil con cabeza nuclear que detonará en una región deshabitada de Bielorrusia dentro de…11 minutos.
– XI: ¡Diablos! Estos muchachos del otro lado del océano son realmente insondables… ¿Qué clase de bomba?
– VLADIMIR: Una pequeña, incluso muy pequeña…
– XI: …Y dice que en la zona de impacto no vive nadie…
-VLADIMIR:…Así es…, solo hay osos…
-XI: ¿… Osos?
– VLADIMIR: Osos de raza rusa…
– XI: Bueno, bueno, bueno…, algo habrá que hacer por esos osos…
Silencio. 10 segundos.
-Xi: Mi querido amigo, le sugiero que responda con un ataque equivalente y simétrico al que va a sufrir. Por mi parte publicaré un comunicado advirtiendo que una agresión a la Federación Rusa será considerada como una agresión a la Republica Popular de China. Es cuanto de momento podemos hacer. Mañana será un largo día. Buena suerte.
Vladimir colgó y respiró profundamente. “El viejo maestro Xi. En diez segundos había deshecho aquel nudo diabólico… Una repuesta simétrica y un respaldo incondicional de China era una posición fuerte, incluso muy fuerte…sería suicida un segundo ataque…hasta el más tonto lo entendería… el viejo Xi…, medio dormido como un oso panda…, pero…., cuando se erguía se convertía en la Gran Muralla, en una fortaleza oriental imposible de derrocar,… remota y misteriosa… …, será un día muy largo…”
Cuando regresó el edecán, Vladimir se afeitaba silbando entere dientes.
-GRILOFF: Señor, el misil acaba de detonar, una explosión francamente pequeña, señor…, los sismógrafos apenas la han sentido…, realmente muy pequeña…
-VLADIMIR: Dígale al general Gerasimov que prepare un misil con una cabeza nuclear de medio kilotón, y que busque una zona despoblada dentro del territorio de la OTAN…enseguida bajo… Vladimir observó de reojo a su edecán, y pudo leer en su rostro un alivio casi tan grande como el suyo.
Joe Biden daba unas cabezadas a treinta metros de profundidad bajo la Casa Blanca. Todos los presentes sabían que aquellos lapsus eran inevitables y necesarios para la estabilidad presidencial. Por ello se había instalado en la Sala de Estrategias un gran sillón giratorio con amplias orejeras para acoger las ausencias intempestivas del mandatario. La treintena de funcionarios que pululaban por la habitación sabían que cuando el sillón estaba girado hacia la gran pantalla que presidía la estancia (casi siempre apagada) lo mejor era no molestar a Joe… Pero en aquella ocasión, el Consejero de Seguridad Jake Sullivan consideró oportuno balancear suavemente el asiento…
-JOE: Si…, Jake.
-SULLIVAN: Señor, el misil ha sido lanzado y en unos 20 minutos llegará a su objetivo.
– JOE: Lo sé Jake…, lo sé…, pero…, recuérdeme exactamente por qué lo lanzamos…
Biden seguía con los ojos cerrados y no parecía tener intenciones de abrirlos.
– SULLIVAN: El objetivo es conseguir la paz definitiva en Ucrania, señor. En el fondo se trata de un acto de amor a la humanidad, aunque evidentemente no podemos presentarlo en estos términos ante la opinión pública.
-JOE: Pero…, Jack… no deja de ser una bomba atómica… ¿y si Vladimir responde?
-SULLIVAN: No lo hará.
– JOE: ¿Por qué no?
-SULLIVAN: Porque es inteligente…, y si lo hace…, será una respuesta débil y comedida…, algo que podremos manejar…, piénselo señor presidente, el artefacto caerá en un territorio deshabitado que técnicamente no forma parte de la Federación Rusa…, y además, al lanzar una auténtica carga nuclear todo el mundo comprenderá que queremos la paz…
-JOE: Jake… ¿sabes que es tu única oportunidad?
-SULLIVAN: Si señor presidente…, pero…, considérelo de este punto de vista…, nosotros le prometimos a los ucranianos que los apoyaríamos hasta el final… ¿cierto?
-JOE: Cierto…
-SULLIVAN…, Y… ¿qué mejor final que tirarle a esos casi-rusos dos tercios de kilotón? Una bomba pequeña, incluso muy pequeña… pero nuclear al fin y al cabo…y…, lo más importante, todo el mundo entenderá que no podemos ir más allá…, y…, nos pedirán, nos suplicarán, nos implorarán…, que demos el asunto por zanjado…, porque nadie quiere achicharrase si puede evitarse…, ¿no es cierto? Y Vladimir el primero. El chaval ha demostrado que no es del todo tonto…, y…, podremos retirarnos de esa jodida guerra con la cabeza bien alta, señor presidente…, y nadie, ni siquiera esos otros medio-rusos (entiéndase ucranianos) podrán echarnos absolutamente nada en cara…JOE: Puede ser Jake…, puede ser…
El edecán Howard apareció repentinamente…, y carraspeó…
-HOWARD: Disculpe señor presidente, señor consejero…, cuatro minutos para la llegada…, hay un asunto del que me gustaría informarles…al parecer en la zona del impacto existe una reserva natural con abundante vida silvestre…, sobre todo osos…
El presidente Biden abrió completamente los ojos y escrutó detenidamente al edecán.
-JOE: ..¿Osos?.., ¿qué clases de osos?
-HOWARD: Osos pardos de raza rusa…, señor.
-JOE: ¿De cuantos osos estamos hablando?
-HOWARD: No he conseguido cifras muy exactas…, entre 250 y 2.000.
-JOE: ¡Joder!…, ha hecho bien en avisar, Howard…ha hecho bien…, puede retirarse muchacho…
Se encendió la gran pantalla de la sala. Allá abajo se distinguía un gran bosque que se desparramaba sobre suaves colinas. Las suaves colinas, y los árboles se aproximaban a una velocidad aterradora. Luego la pantalla quedó en blanco. La treintena de funcionarios estalló en aplausos. El presidente le hizo señas al consejero Sullivan…
-JOE: Hay que solucionar el asunto de los osos. Yo no puedo marcharme de esta guerra dejando mil oso muertos… ¿sabes lo que pasaría Jake?
-SULLIVAN: No señor…, pero nada bueno…
-JOE: Efectivamente…, nada bueno…, el oso es el animal totémico de los rusos…sería una afrenta imperdonable… ¿no crees?
-SULLIVAN: Claro, señor.
-JOE: La guerra continuaría…, y por otra parte,…, no quiero pasar a la historia como el carnicero de Mama Osa y sus oseznos…,
-SULLIVAN: …, Se me ocurre que…, señor presidente, nosotros tenemos muchos osos pardos en Alaska…, incluso demasiados…, podemos comprometernos a repoblar esa maldita reserva de Bielorrusia…
-JOE:…, Los rusos jamás consentirán que un contingente de osos norteamericanos se instale al otro lado de su frontera…, Jake, necesitamos un plan…, y rápido…
SULLIVAN: Si, señor presidente.
El consejero se alejó con paso firme, y comenzó a vislumbrar por qué el presidente era Joe y no él.
El Palacio del Elíseo, además del ala reservada a la residencia del presidente de Francia y su familia, cuenta con un cómodo apartamento al que llaman la Maison del célibataire (la casa del soltero), donde los presidentes, despachan, comen, descansan o duermen, intentando no perturbar en exceso las rutinas familiares.
No se sabe bien porque, pero esta residencia-B carece de cualquier sistema de aviso previo para la entrada de funcionarios y personal de servicio. Por lo que la tradición ha ideado un procedimiento tan simple como efectivo: golpear la puerta con los nudillos en tres series de tres golpes, procurando que la segunda serie sea algo más sonora que la primera, al igual que la tercera a más ruidosa que la segunda. En caso de no obtener respuesta, se recomienda recomenzar el ciclo.
Aquella madrugada no hubo necesidad de recurrir a la tradición, pues cuando el edecán Miguelón Ricardo golpeo levemente la puerta de la Maison del célibataire, tenía la seguridad que el presidente Emmanuel Macron estaba despierto y con la bata puesta. El mismo le había anunciado media hora antes el lanzamiento de un misil con cabeza nuclear en dirección a Bielorrusia.
-EMMANUEL: Pasa Ricardo.
-MIGUELÓN: Señor, el misil ha detonado tal y como se esperaba. De momento no hay noticias de victimas. La Casa Blanca ha hecho público un comunicado, y los chinos también.
Ricardo abrió la carpetilla que llevaba en la mano y depositó dos folios en el repose-papier que había sobre la mesa. Macron tomo en primer lugar el comunicado del ministerio de exteriores chino. Breve…, demasiado breve, demasiado conciso. Lo dejó sobre la mesa sin ningún comentario. A Ricardo no se le escapo que el presidente había palidecido ligeramente. Siguió con el documento de los americanos…
-EMMANUEL: Mon Dieu!…, Mon Dieu! …, Mon Dieu!…, Mon—Dieu!
El comunicado era desolador. Pase que comenzase enseñando los dientes con estilo OTAN-de modé. Pase (¡Dios mío!) que calificara al artefacto nuclear como “mensajero de paz”. Pero el largo párrafo central desbordaba cualquier enfoque, cualquier perspectiva, cualquier catálogo de buenas maneras… En lenguaje diplomático-sibilino, insinuaba…, sugería…y finalmente certificaba que uno de los objetivos del ataque era satisfacer las reiteradas peticiones de nuestros aliados europeos…
-EMMANUEL: Joe!.., Joe …, ¡nos has tirado a los pies de los caballos!…
El presidente estaba muy enfadado. El rostro se le había enrojecido rápidamente, por lo que el edecán desvió instintivamente la mirada y quedó encarado hacia la ventana. Macron intentaba calmarse, pero la palabra trahison no se le apartaba de la mente. Su primer impulso fue llamar a Biden. Pero…, era sabido que en crisis graves no se puede llamar a tontas y a locas… Existía un código, una convención no escrita que aconsejaba respetar la jerarquía. Tendría pues que esperar que Joe lo llamase a él…,
-EMMANUEL: Gracias Ricardo, puede retirarse…
Entonces Emmanuel recordó que cuando el asunto de los misiles cubanos, el presidente Kennedy había consultado a su antecesor, Eisenhower, antes de tomar la decisión definitiva…, y no cabía duda que el gesto había gustado…
-EMMANUEL: Un momento Ricardo, localíceme al ex presidente Hollande…, es urgente…
Quince minutos más tarde le anunciaron que François Hollande estaba entrando al Elíseo. Emmanuel miró la hora…, las dos de la mañana… “De donde habrán sacado a este hombre…, a su edad…”
Hollande entró decididamente, se sentó decididamente, y escuchó con gesto serio el relato de Macron…
-FRANÇOIS: Veamos, veamos…, hay cosas que no tienen vuelta atrás…, pero…, es posible que esta endiablada situación admita una lectura más positiva… Veamos…, básicamente… ¿Qué puede hacer ahora Vladimir? …, nada o casi nada… ¿Y Joe?…., que puede hacer el bueno de Joe…, básicamente nada…
-EMMANUEL: Un momento Ricardo, localíceme al ex presidente Hollande…, es urgente…
Quince minutos más tarde le anunciaron que François Hollande estaba entrando al Elíseo. Emmanuel miró la hora…, las dos de la mañana… “ “ “De donde habrán sacado a este hombre…, a su edad…”
Hollande entró decididamente, se sentó decididamente, y escuchó con gesto serio el relato de Macron…
-FRANÇOIS: Veamos, veamos…, hay cosas que no tienen vuelta atrás…, pero…, es posible que esta endiablada situación admita una lectura más positiva… Veamos…, básicamente… ¿Qué puede hacer ahora Vladimir? …, nada o casi nada… ¿Y Joe?…., que puede hacer el bueno de Joe…, básicamente nada…
-EMMANUEL: …, Y yo… ¿básicamente que puedo hacer?
– FRANÇOIS:.., nada, o casi nada…, ¿lo ves?
– EMMANUEL: …un empate absoluto…,
– FRANÇOIS: Exacto…, es como en esas jugadas de ajedrez en las que el rey no puede moverse a ninguna casilla sin que lo liquiden…,
-EMMANUEL: ¿Ahogado?
– FRANÇOIS. …, Si…, y la partida termina en tablas… ¿no es cierto? y…, ¿cómo se deben terminar las guerras?
– EMMANUEL: …con victoria, o al menos con empate…, nunca con derrota…
– FRANÇOIS:…Exacto…, lo tienes Emmanuel.., lo tienes. Vladimir se conformara. .., y ahora me vas a disculpar porque me están esperando…
El presidente Macron acompañó a su invitado hasta la puerta, y regresó a paso lento a la Maison del célibataire… “Este Joe…, este Joe es un diablo…, nos ha encerrado a todos en una jaula de la que no podemos escapar…, ya no tendré que enviar tropas al frente…, y nadie me lo podrá reprochar…, porqué los aliados europeos también hemos tirado la bomba…, es más…, oficialmente, gracias a los aliados europeos se pudo tirar la bomba… ¿qué más se puede pedir? Se lo tengo que contar a Scholz.
El canciller Olaf Scholz estaba sentado en el sillón de su habitación con una mantita sobre las piernas. Su edecán lo había despertado una hora antes, y no tenía intención de dormir. Hacía rato que su mente se había activado, y funcionaba a una velocidad inimaginable para los que creían que era solamente un señor irresoluto. Lo importante era que tenía las ideas claras y que esperaba la llamada de Joe. Por eso cuando su edecán turco toco suavemente en la puerta se levantó con presteza…
EDECÁN TURCO: Señor, el presidente de Francia llama por la línea de emergencia.
Olaf se paró en seco. “Uhm…, Macron…, sheisse, ¿habrá hablado ya con Joe?…,
-OLAF: Emmanuel, Emmanuel…, que gusto escucharte… ¿cómo lo llevas?
-EMMANUEL: …Ya te puedes imaginar…en fin… ¿viste los comunicados?
-OLAF: Claro, claro…,
– EMMANUEL. ¿Y…?
-OLAF: Perturbadores, desde luego perturbadores…, pero quizá…, solo quizá…sea posible que la situación admita una nueva lectura…,
– EMMANUEL: ¿Una…nueva…lectura?
-OLAF: Veamos, veamos, Emmanuel… ¿Qué puede hacer a partir de ahora Vladimir? …, nada o casi nada… ¿Y Joe?…., básicamente…
A Emmanuel Macron le tembló el labio inferior, y casi toda la pierna derecha…una conspiración…, una jodida conspiración…, una conspiración del gran cochon…,¡ y lo habían dejado fuera!…, tenía que pensar despacio…, muy despacio…
-OLAF: …, un empate absoluto…, como en esas jugadas de ajedrez…
Al presidente de Francia le dieron ganas de llamar a Xi Yin Ping, aunque fuese una chiquillada.
El presidente los Estados Unidos seguía en la Sala de Estrategias. El sillón de orejas estaba ahora ladeado, lo que en el lenguaje del subterráneo significaba que se permitían solo comentarios, “relevantes”. En una situación como aquella, nadie sabía exactamente lo que era relevante…, por lo que lo más prudente era abstenerse.
Joe estaba absorto en sus pensamientos, observando de cuando en cuando a los presentes, y aunque que hablaban en voz baja, adivinaba en el brillo de sus ojos lo que estaban pensando: “estamos viviendo un momento único, histórico, con una bomba nuclear auténtica… ¡es increíble! ¡increíble!
Joe sonreía suavemente y entrecerraba los ojos. Las cosas marchaban bastante bien. De momento Vladimir no movía ficha…, había hablado con Scholz y Macron (por ese orden) y el francés no estaba más enfadado que de costumbre…, y el asunto de los osos estaba prácticamente resuelto. Sullivan había averiguado que la mayor reserva de osos de Europa estaba en los Cárpatos Meridionales, Rumanía. Unos 8.000 osos salvajes…, un stock suficiente… Ya se había contactado a los rumanos…, habría que darles otros cuatro F-16, lo cual, dada las circunstancias, no era gran cosa…en fin…, el negocio no pintaba mal…, incluso era posible que en un par de horas pudiera echarse una pequeña siesta…
Biden respiraba acompasadamente cuando el consejero Sullivan se sentó a su lado.
-SULLIVAN: Señor, los rusos han lanzado un misil que presumiblemente lleva cabeza nuclear…, una pequeña…
Se encendió la gran pantalla y la sala quedó en silencio. Sobre un gran mapa del Mar Negro se dibujaba la trayectoria del misil. Había sido lanzado desde el Mar Caspio y se dirigía a…
-SULLIVAN: …a Rumanía señor…
De momento era un “triste misil solitario”, lo cual hacía albergar esperanzas…., La tensión se palpaba en la sala. Fueron pasando los segundos…, y no se registraron nuevos lanzamientos. A los 10 minutos, nada. Se apreció cierta distensión…, a los 15, tampoco, y se produjo un conato de aplauso… A los 17 se acercó el edecán…
-HOWARD: Señor, el misil impactará dentro de 3 minutos y 46 segundos en los Cárpatos Meridionales…, territorio de la OTAN. La zona está prácticamente deshabitada…se calcula que la carga nuclear no supera el kilotón…, o menos…una carga realmente pequeña, señor…
En Pekín estaba a punto de amanecer. Xi se asomó al balcón de su habitación. Pronto el astro rey se elevaría por el este e iluminaría uno a uno todos los países del mundo. En el interior comenzó a sonar la protocolaria marcha del emperador Yun Zu…
-XI: Pasa Wei.
-HU: Señor, ya está lista la traducción autorizada del comunicado de la Casa Blanca.
-XI: Dime Wei, en ese texto aparece la palabra 贪婪 (codicia)…
– HO: Si señor.
– XI: ¿Cuántas veces?
-HO: Tres, señor.
-XI: Codicia tres veces…, bien…, bien…,
El sol terminó de salir y Pekín adquirió un tono dorado que desaparecería en pocos minutos. Desde muy joven aquel efecto había fascinado a Xi, y procuraba contemplarlo siempre que podía.
-XI: Wei, hoy será un largo día. Voy a echar una cabezada…, intenta que no me despierten al menos hasta las diez…
-HO: Claro señor…
-XI: Por cierto Wei…, como están los osos…
-HO: Muy bien señor, se están aclimatando rápidamente…
